—Luana, ya despertaste. Los niños ya terminaron de desayunar. Le pedí a la tía que te preparara algo a ti también —dijo el viejo Curie con una sonrisa, saludando a Luana con la mano.
Luana se quedó atónita por un momento. Parecía que hacía mucho tiempo que no veía al viejo sonreír con tanta alegría y ternura. Era como se si ya no fuera el empresario implacable y temible que alguna vez había sido.
—Muchacha, ¿por qué te quedas ahí parada? ¿Ya olvidaste que mañana es tu cumpleaños? —El viejo Curi