Luana miró a Alessandro con fría indiferencia; sus ojos, brillantes como estrellas, estaban llenos de burla.
—Señor Alessandro, ¿no le parece ridículo lo que está diciendo? Su madre ha ofrecido una recompensa para matarme, y aun así usted viene a salvarme.
¿De verdad cree que soy tan tonta como para seguirlo? ¿No sería como caer en una trampa? Ella no era tan ingenua.
Los ojos de Alessandro se oscurecieron, su expresión se volvió indescifrable.
—¡Luana! Si quisiera hacerte daño, no estaría aquí