A causa del alboroto, el gerente del restaurante se acercó para averiguar qué estaba ocurriendo.
— Sra. Veronese, Srta. Veronese, con permiso. ¿En qué puedo ayudarlas? — preguntó el gerente con respeto al aproximarse.
Aquellas dos clientas eran VIP del restaurante; sabía que no podía permitirse el lujo de ofenderlas.
— ¿Está usted ciego? ¿No vio a esa mujer? Va vestida de forma vulgar. ¿Su restaurante se ha vuelto tan de mal gusto? De ser así, no volveremos jamás — soltó Berta, lanzando una mir