A Chloe se le heló la sangre. Cuatro hombres bajaron de la primera SUV. Cuatro más de la segunda. Ocho en total. Todos de traje, todos musculosos, todos con los ojos clavados en ellos como lobos sobre un venado herido.
Hizo lo único que su cuerpo conocía: esconderse. Se agachó detrás de la espalda de Blaze, aferrándole la camisa como si fuera un escudo. Su respiración era rápida, superficial. Ocho contra dos. No, ocho contra uno. Ella no contaba.
Los hombres los rodearon. Lento. Con práctic