El resto de la conversación se volvió borroso. La voz de Klaus era como terciopelo. Su sonrisa era veneno. Chloe lo escuchaba, pero su mente se negaba a procesar la mayor parte de sus palabras. Era como si su propio cerebro estuviera intentando protegerla de lo que él decía. Solo tres cosas lograron atravesar esa barrera y quedarse grabadas. Primero: la amenaza. Deslizó una fotografía sobre la mesa. Chester. Atado a una silla. Sangre en la sien. Una mano extendida sobre la madera. Un enorme cuc