HASSAN AL-ÁSAD
—¿Quién, maldito infeliz, se atrevió a hacerte esto? —grito sintiendo cómo la furia me invade por completo al ver la piel de su espalda tan lastimada.
Observo cómo sus ojos se llenan de lágrimas al escuchar la forma en que le hablo, pero en este momento no me puedo controlar; es como si el mismo Shaytan me hubiera poseído.
—¿QUIÉN? —gritó tomándola con fuerzas de ambos brazos y sacudiéndola en el proceso.
—Mi... mi... padre —responde entre sollozos.
—Lo mataré, juro que lo mataré