CAPÍTULO 78. NO ESTOY SEGURO DE AMARTE
En cuanto la puerta de la habitación se cerró, los labios de ella buscaron los de él, hurgando con vehemencia el encuentro con la humedad de su lengua.
—Te deseo tanto, no imaginas cuanto —murmuró entre besos ella.
—Lamento haberte hecho esperar, tanto —expresó él y lanzó su camisa al suelo con rapidez.
—Deseo tanto que me tomes, que hagas tuya, como cuando éramos más jóvenes, con esa bravura con esa fuerza, quiero que recorras cada centímetro de mi cuerpo, que me hagas vibrar una y otra vez