CAPÍTULO 68. EL REGRESO

En cuanto Lisandro salió de la casa de ellos, Antonella se acercó a su tía y la abrazó.

—Estás a salvo —dijo al escucharla llorar con amargura.

—Gracias, les estoy muy agradecida —refirió con sinceridad—, sabía que con el apoyo de ustedes me podría liberar de la escoria de Lisandro Bianchi.

—Aquí vas a estar bien, lo prometo —manifestó—, no tenía idea que habías vuelto a Italia, no debiste hacerlo —expresó—, estabas bien en Viena.

—Tu padre me localizó, me dijo que estaban en peligro Sabina y t
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