CAPÍTULO 34. ENTRE MIEL Y AMENAZAS
Puerto Escondido, Oaxaca.
Un estruendoso ruido, al caerse una charola metálica con material de curación, hizo que Alexia quien estaba durmiendo, abriera los ojos de golpe, con el corazón latiendo desbocado.
— Tranquila —las manos de Connor la tomaron por sus hombros—, se cayeron algunos objetos por accidente —manifestó.
Giró su cabeza, observando el cubículo en el que se encontraba.
— ¿Qué hora es? —cuestionó confundida.
—Cerca de media noche —contestó el jóven médico.
— Dormí mucho tiempo —ref