MAYA
Llegamos a su casa. Estaciona su auto y luego nos bajamos.
Al verlo, sus hombres se alinean, formando una columna a cada lado de la
entrada. Caleb pasa entre ellos, y lo sigo con dificultad, después de todo
estoy herida.
Se pasan de la raya, en mi opinión. No se merece ese tipo de
trato. Respeto, admiración y miedo. Él no se lo merece. Finalmente, lo sigo
dentro de la casa. Solamente otro hombre está aquí. Se ve incluso más frío que
Caleb. Lo recuerdo, fue el que me “dio la bienvenida” la