Rose intentó apartarse, pero Matteo le sujetó el brazo con más fuerza. Clavó sus ojos en los de ella, atrapándola bajo su hechizo. Rose bajó la cabeza, con el cuerpo temblando mientras la mano de Matteo recorría lentamente desde su brazo hasta su cuello.
—Romilda… —su voz era baja y pesada, como si pronunciar su nombre fuera una carga—. Mírame.
Esta vez, su mirada era más suave, pero aun así dejaba a Rose inquieta e incapaz de mantenerse firme.
—No soy la persona correcta, Matteo. No soy quien