Elena ya estaba en el trabajo a las 8:15 de la mañana.
Estaba muy feliz porque había pasado cuatro años luchando por ese puesto, y no iba a desperdiciar ni un solo minuto de él.
Cuando llegó, su nombre ya estaba grabado en su escritorio.
Fue imposible contener la sonrisa. Apoyó dos dedos sobre las letras.
Elena Adipa.
Limpio. Preciso.
Ryan había organizado todo aquello antes de que ella llegara.
Sin decírselo.
Sin pedirle su opinión.
Aunque, en el fondo, le encantó.
Se sentó y comenzó a trabaja