Maya estaba esperando fuera del edificio de apartamentos de Elena cuando el taxi se detuvo.
Estaba de pie sobre la acera, con los brazos cruzados y la mirada ya fija en el documento antes de que Elena terminara de bajar del coche.
—Te subiste al coche de un desconocido —dijo.
—Te llamé desde el coche —respondió ella—. Varias veces.
—No me dijiste que era Cole Enterprises.
—No lo supe hasta que llegamos.
Maya la miró. Luego miró el documento. Después volvió a mirarla.
—¿Cuántas páginas?
—Treinta