El cliente se llamaba señor Harrington.
Tenía setenta años.
Le estrechó la mano a Elena durante un poco más de tiempo del habitual y dijo:
—Así que usted es la mujer que ha logrado mantener a Ryan Cole con los pies en la tierra.
Lo dijo con la calidez de alguien que ya había decidido, incluso antes de conocerla, que le agradaría.
—No diría exactamente con los pies en la tierra —respondió Elena con una sonrisa amable—. Más bien... le recuerdo de vez en cuando que existen otras personas.
A su lad