Francine llamó a Elena un lunes.
Elena estaba sentada en su escritorio cuando el número apareció en la pantalla de su teléfono: la línea fija de la residencia de la familia Cole. Lo reconoció enseguida porque ya había aparecido dos veces antes en sus contactos, y en ambas ocasiones había sido Francine quien llamaba. Contestó al tercer timbre y adoptó una expresión serena y amable, aunque Francine no pudiera verla. Esa calma no era para Francine. Era para ella misma.
—Elena —dijo Francine.
Su vo