—La verdad —dije, con la voz más firme de lo que me sentía.
Marilyn no se dio la vuelta. Mantuvo la mirada fija en el paisaje blanco del exterior.
—¿Y qué verdad es esa?
—¿Quién era ella y por qué estaba tu nombre en el registro?
—Mi hermana —respondió en voz baja—. Se fue al Sur hace mucho tiempo. La mayoría aquí prefirió olvidarla. Era más fácil eso que admitir que una loba de alta cuna pudiera preferir una vida humana.
—¿Así que se casó con un humano?
—Se unió a uno, en realidad —respondió M