Mirabel le dio la vuelta al cepillo en su mano, pasando el pulgar sobre el grabado de la cabeza de lobo.
—Homenaje —repitió con voz suave—. ¿Así es como lo llaman ahora? ¿Mandar al cachorro de vuelta a la perrera para recordarle al criador quién es el dueño?
—Es una tradición —insistí, aunque la palabra se sintió frágil en mi boca—. El Príncipe quería honrar a mi familia.
—Padre no merece ningún honor, y ambos sabemos que el Príncipe no te envió aquí para ser amable. Te envió con un acompañante