Leon
—S-señor Branston —balbuceó.
—¿S-sí? —me burlé, bajando la vista hacia la mano que aún reposaba sobre Isabella. Él siguió mi mirada y la soltó tan rápido que casi hizo que ella cayera al suelo.
—Maldita sea —mascullé, sujetándola al instante y atrayéndola hacia la seguridad de mis brazos antes de volver a clavar mi mirada sombría y furiosa en aquel imbécil.
—L-lo siento. Actué por instinto —se apresuró a decir.
—Si no tuvieras nada que ocultar, no te pondrías tan nervioso ante mi presencia