Charlotte descendió del automóvil de un millón de dólares que habían enviado para recogerla y llevarla al palacio. Se sintió nerviosa al notar todas las miradas posadas sobre ella mientras bajaba del vehículo real. Uno de los guardias abrió la puerta con suma cortesía.
Charlotte no estaba acostumbrada a que la trataran como a una reina. Sí, en casa la querían mucho, pero aquello era completamente diferente. Que le abrieran la puerta del coche, que los guardias inclinaran la cabeza al verla baja