Charlotte había dormido profundamente aquella noche. Había soñado con coronas y mariposas, jardines y besos maravillosos. Se sentía como una adolescente otra vez; no una cualquiera, sino una enamorada. Aquel beso tan especial que había compartido con un príncipe de verdad fue el último pensamiento que cruzó su mente antes de dejarse llevar al país de los sueños, el único lugar donde sus inseguridades no podían alcanzarla.
A la mañana siguiente despertó con una sonrisa dibujada en el rostro, una