Capítulo 102: El Rugido de la Leona
Laura
El mundo no terminó con una explosión, sino con un grito. Mi grito.
La imagen de Rafael extendiendo la mano desesperadamente mientras la distancia entre nosotros se convertía en un abismo imposible de cruzar quedó grabada en mi retina como una cicatriz. En un segundo estaba riendo por la alegría de Enzo; al siguiente, el frío metal de la furgoneta era la única realidad.
El olor a goma quemada y al sudor áspero de los hombres que nos rodeaban llenaba el