Capítulo 157 —Una pulsera molesta
Narrador:
Dos días después del entierro de Miranda, la sala del juzgado estaba cargada de murmullos bajos y miradas cruzadas. Los abogados de la fiscalía cuchicheaban entre ellos, lanzando miradas duras a Gabriel Márquez, que permanecía de pie, impecable, frente al estrado. A su lado, Roman Adler lucía como si estuviera en una reunión de negocios: traje oscuro perfectamente entallado, manos cruzadas a la espalda, rostro inescrutable.
El juez hojeaba los papeles