Capítulo 156 —Gritaba poder
Narrador:
Unas horas después, ya entrada la mañana, Gabriel Márquez envió a su sobrino a la penitenciaría. Traía consigo un portatrajes impecable, zapatos pulidos, corbata oscura, y una orden sellada: Roman Adler debía ser trasladado al velatorio de su esposa fallecida. Todo estaba arreglado. Rápido, discreto, sin prensa, sin escándalo.
Los guardias lo sacaron de la celda sin prisas. No había grilletes, no había empujones. Nadie lo apuró. Nadie osó faltarle el respet