Dos días después de haberse despedido de su trabajo en la mansión, Luisa consideró pertinente escribir a Mario para tener noticias sobre su hermana, a la que no había llamado por temor a la última amenaza que Rebeca le había hecho. Lo que menos deseaba en ese momento era que la “institutriz” pudiera vengarse de su intromisión en los asuntos de la casa haciendo algo en contra de su hermana, que estaba demasiado pequeña para poderse defender de los abusos que Rebeca pudiera querer dirigir contra