“No… no lo hagas en el coche, ¿vale? Tengo miedo.” Yana sintió un dedo moviéndose dentro de su cuerpo, como si curiosamente tocara todo su interior. Esta extraña sensación la hizo querer gritar.
Logan levantó los ojos y la miró fijamente a la cara. Después de escuchar sus sollozos, giró la cara hacia un lado y sacó la lengua para lamer las lágrimas saladas de su rostro.
Él no sacó los dedos, pero siguió lamiéndole la barbilla y las orejas, como si la estuviera consolando a su manera.
Las gruesa