Embistió con fuerza para penetrarla y disfrutar de su calidez, sintiendo tanto placer como se había imaginado. No logró penetrarla al principio, pero casi de inmediato tomó fuerzas para hacerlo; con más ímpetu y dificultad entró en ella. Ya adentro y sintiéndose poderoso, continuó irrumpiendo la estrechez de Victoria. Los gemidos ahogados de Victoria eran música para los oídos de Andrés, quien disfrutaba cada rincón de ella.
El placer que sentía Andrés no le dejaba ver ni sentir el sufrimiento