—Puede que sean ideas mías, pero siento que él me amenazó si no hago lo que quiere —confesó Victoria, con voz temblorosa.
—¿Y qué quiere él? —preguntó el doctor, con preocupación.
Victoria guardó silencio. No se atrevió a decirlo.
—Bueno, eso no importa. Cuenta conmigo para lo que necesites —añadió él con firmeza.
—Gracias, doctor —susurró ella, aliviada.
Cuando llegó a su apartamento, Victoria encontró la puerta entreabierta. Pensó lo peor: ¿la habrían robado? Entró rápidamente y se topó con v