Los dos revisaron el informe rápidamente y, mientras lo hacían, reían y bromeaban. Desde el otro lado del escritorio, Andrés se limitó a observar cómo su plan de retener a Victoria en la oficina había fracasado por completo.
Ahora ella coqueteaba con aquel empleado delante de sus propias narices y, para colmo, Luis la miraba como si fuera el plato principal de su almuerzo. Lo peor era que Victoria, ajena a esas miradas cargadas de deseo, parecía no darse cuenta de nada.
Cuando terminaron de rev