Faldas y vestidos ajustados y cortos comenzaron a ocupar el guardarropa de Victoria. Estaba decidida a probar algo diferente a sus habituales jeans y pantalones, y, para su sorpresa, nunca imaginó que le gustaría tanto ese cambio.
Aquella mañana eligió una falda roja, unos zapatos de tacón y una blusa blanca con un discreto escote que, sin ser exagerado, invitaba a mirar.
Llegó a su oficina y tomó asiento frente a su escritorio. Deseaba con ansias que Andrés la viera; después de todo, ese había