Esa misma noche, apenas unos minutos después del altercado, el médico cruzó el umbral de la casa de los Bartolino. Efraín observaba al doctor examinar a su esposa con una mezcla de alivio y sospecha.
—¿Cómo lo lograste? —susurró el padre, arrastrando a su hijo a un rincón—. ¿Cómo hiciste para que viniera a esta hora?
—Eso no importa, papá —respondió Benjamín, sin apartar la vista de la habitación—. Lo único que importa es que mi madre está recibiendo atención.
Tras unos minutos, el