**Mikail**
Los días pasaron.
Me aseguré de no verla.
No debía.
Me concentré en los informes, en las reuniones, en patrullar el territorio.
Pero no importaba cuántas responsabilidades llenaran mis días, su presencia se sentía como una sombra al borde de mi conciencia.
Cada vez que su nombre llegaba a mis oídos, algo se tensaba en mi interior.
Algo molesto.
Algo peligroso.
Y, para mi frustración, no tenía control sobre ello.
Una noche, cuando intenté hablar con ella, me recibió