Lyra
Sentía un nudo en la garganta que bajaba hasta el estómago, como una piedra pesada que no podía tragar.
Me ardían los ojos, pero no iba a dejar que se notara. No frente a Mikail. Y mucho menos frente a Tharion.
¿Qué pretendía él? ¿Por qué aceptaba de buenas a primeras las exigencias de Mikail? ¿Por qué no lo discutió conmigo antes?
Tharion sabía mejor que nadie la verdad. Ese niño… mi niño, era hijo de Mikail. Pero no podía —no debía— saberlo.
No ahora. No después de todo lo que pasó.
Mi