La tensión con el duque Alexander crecía día a día, y una sombra oscura empañaba el corazón de la pobre Rachel.
Dos días habían pasado desde la última vez que lo vio, y finalmente, allí estaba él. La chica lo observó, sintiendo una mezcla de esperanza y temor.
Alexander avanzaba con paso firme, con rostro endurecido y la mirada fija en algún punto distante. Rachel creyó por un momento que él iba a hablarle, como había intentado hacer antes, pero al verla, su expresión se volvió más rígida.
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