—Alteza… —musitó Rachel, intentando alejarse de esa enorme mano que le quemaba la piel.
Un gruñido salió de la garganta del hombre, intensificando sus sensaciones.
—No seas tan formal conmigo, Rachel —su tono de voz le pareció más grave—. Trátame como a tu igual, como a un hombre…
—No puedo hacer eso —se negó ella de manera obstinada, sintiendo que era una barrera que no podía traspasar—. Si ya se siente mejor, lo mejor es que…
—Ven, siéntela —tomó la temblorosa mano de la chica, que soltó un j