Selene
Resignada, caminé de regreso a la aldea hasta llegar a la cabaña de Kaiya. Entré al lugar y fui directo a mi cama.
—¿Dónde estabas? —preguntó adormilada, tallándose los ojos.
—Salí a dar un paseo —dije, mintiendo a medias—. Dios, estoy tan confundida. —Suspiré, dándome cuenta de que lo había expresado en voz alta. Esperaba que no hubiera prestado atención.
—Te sientes así por el Alfa, ¿cierto?
—Sí —confesé sin poder ocultarlo más. Necesitaba desesperadamente hablar con alguien que pudiera