Selene
Ilan separó sus labios de los míos dejándome ansiosa por más, pero esa necesidad fue reemplazada inmediatamente por la sensación caliente de su boca sobre la piel de mi cuello; bajó a mi clavícula y duró algunos segundos que me parecieron eternos, pues mi cuerpo anhelaba ser besado en otras partes que rogaban por su atención.
Ilan tomó la parte posterior de mis muslos y me elevó a la altura de su rostro; caminó conmigo unos cuantos pasos hasta colocarme de espaldas contra el primer árbol