De todas las historias que había oído, ninguna se asemejaba a como era verdaderamente lo que viví con Seth en esta enorme bañera. Cada parte de mi cuerpo estaba relajada. El me sostenía entre sus brazos, porque ya no me podía mantener en pie.
El ardor de la marca cerca de mi hombro era predominante. Me cargó para sacarme de allí y me tapó con una toalla.
—Entonces ya está hecho… —susurré, casi sin fuerza.
Él me sonrió. Tenía esa sonrisa triunfal y magnética. Me había marcado, yo lo dejé hacerlo