—Creo que no me entiendes, anciana. —la mirada de Seth rivalizaba con la de un gángster que cobra una deuda. —Si yo quiero que esa chica friegue el piso de mi baño lo hará. No tienes el poder para llevarme la contraria.
—Lo lamento, señor… —Helen bajó la cabeza, estaba temblando de miedo, la reputación de Seth lo precedía, era malicioso y cruel en casi todas las ocasiones. —No puedo otorgarle a la chica.
Helen no podía decir más. La reina le había prohibido revelar que ella era quien estaba det