LENI
—Leni, ¿estás bien? —me preguntó Leysa, pero apenas podía escucharla.
La confusión y el dolor llenaban mi mente, y el único lugar donde quería estar era lejos de todos, lejos de su mirada preocupada. Sin poder contenerme, me dirigí a mi habitación y cerré la puerta con pestillo. Necesitaba un momento a solas, un instante para respirar.
Cuando el silencio me rodeó, sentí que el peso de la realidad caía sobre mí. Ardian, mi mate, mi compañero, el hombre que había sido mi razón de ser, ahora