LENI
Desperté con un dolor de cabeza punzante que me hacía sentir como si un tambor sonara dentro de mi cráneo. La luz del sol se colaba por las rendijas de la ventana, y al abrir los ojos, me di cuenta de que no estaba en mi habitación. Todo me resultaba confuso. Las imágenes de la noche anterior me asaltaban como sombras en la penumbra de mi mente.
—¿Dónde estoy? —murmuré, intentando orientarme.
—En mi habitación —respondió Leysa, que aún estaba en la cama, estirándose perezosamente.
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