ARDIAN
La luz tenue de la lámpara de mi despacho iluminaba un par de documentos desordenados sobre el escritorio. Me sentía extraño, como si algo en mi interior estuviera a punto de romperse. “¿Qué es lo que se me está escapando?”, pensé mientras pasaba la mirada una y otra vez sobre las hojas, buscando alguna clave que me recordara lo que parecía olvidado. La anciana Greta apareció con una taza de té humeante, su rostro surcado por arrugas que contaban más historias que cualquier libro.
—Aqu