LENI
El aire en el bosque se volvía cada vez más denso a medida que seguía a Dax. Podía sentir la ansiedad apoderándose de mí, como una sombra acechante. La oscuridad parecía engullir todo, y el sonido de nuestras pisadas se perdía en el silencio abrumador. Dax avanzaba con firmeza, como si supiera exactamente a dónde iba. Yo, en cambio, me sentía perdida, como un reflejo de este lugar que llamaban "Almas Perdidas".
—¿Por qué hemos parado aquí? —pregunté, tratando de mantener la voz firme,