ARDIAN
La lluvia caía en torrentes, convirtiendo el suelo en un lodazal resbaladizo. Miraba cómo Reinhold y Nadav regresaban de la cacería, sus rostros empapados y la ropa cubierta de barro. En sus manos sostenían los corazones de los lobos que habían cazado, símbolos de su valentía y ferocidad. Pero en mi interior, la tormenta que se desataba era mucho más intensa que la que caía del cielo.
Me preguntaba en cada instante qué había hecho sufrir a Leni. Las visiones de su angustia, de su dolo