LENI
Observaba a Melisa desde la distancia, su figura aún tendida en el suelo, envuelta en una manta que apenas lograba ocultar las cicatrices de su reciente encuentro con la brutalidad. Habían pasado varias horas desde que Ardian y yo estuvimos a punto de compartir un momento que podría haber cambiado nuestras vidas, pero el destino, siempre caprichoso, decidió interrumpirnos con el grito desgarrador de Melisa, que apareció herida en medio del bosque. Las imágenes de su rostro pálido y de su