Yuriel soltó un grito ahogado cuando una mano fornida le acarició el pecho por detrás. Lo miró en el espejo con el ceño fruncido.
«¿Puedes pensar quién es la persona que me ha mordido el pezón?». Dijo con indiferencia y se enfadó.
Sin que ella se diera cuenta, sus palabras provocaron a Aleandro, que ya estaba comiendo hasta hartarse en el baño.
Con las manos aún en los pechos de Yuriel, se inclinó hacia ella y le susurró al oído con voz ronca.
«No voy a morder más. Voy a chuparla», susurró sedu