Yuriel solía pensar que Aleandro era un pervertido cuando elegía su ropa y su ropa interior. Sus pequeños labios se fruncieron en un mohín, su cara se sonrojó, lo miró con fastidio.
Aleandro sonrió débilmente, como perdido en sus recuerdos, como si Yuriel siguiera viva y con él en ese momento. Entonces se dio la vuelta y quiso abrazarla. Su sonrisa se desvaneció al notar el vacío en la habitación. En esta habitación pasaron todos sus momentos felices, mucho antes de que ocurriera el incidente y