Exaltado y enojado.
Las horas pasaban y el recuerdo de ese niño, con su pequeña e inofensiva mano lastimada con tinta, no salía de la mente de Steven y agitaba su pecho, pues no tendría que estar pagando por los errores de una desquiciada e irresponsable mujer que no hacía más que joderle la vida a los demás.
Molesto e indignado, tomó su celular y llamó a su hermano. Él pensaba que se encontraba en control de calidad.
—¡Hola! ¿Todo bien? Continuó ocupado, pero ya el pedido para los rusos será embarcado. Ellos han