La llegada de Ginebra a la manada fue como una chispa arrojada a un campo seco. El descontento, que antes apenas era un murmullo, ahora crecía como un incendio incontrolable. Las miradas de los lobos, cargadas de resentimiento, seguían cada paso de Ginebra, recordando las traiciones que había cometido. Para ellos, su presencia al lado de Luca no solo era una humillación, sino una amenaza al equilibrio de la manada.
Selene intentaba adaptarse a esta nueva realidad, pero su corazón estaba en gue