Esa noche, mientras Luca regresaba al refugio con Aron en brazos, su alma estaba hecha trizas. El peso de la culpa lo aplastaba, y cada paso hacia Selene lo acercaba más a la realidad de lo que había hecho. Cuando la vio correr hacia él, el dolor en su pecho se intensificó. Selene, siempre tan fuerte y tan decidida, ahora estaba desbordada en un mar de lágrimas. Las gotas caían de sus ojos, y Luca se sintió como un espectador impotente ante el sufrimiento que él mismo había causado.
—Aron… mi