Luca, jadeando de dolor, avanzaba con pasos pesados hacia la cabaña oscura, sintiendo cómo cada movimiento le arrancaba una punzada en el costado. Al llegar, observó el lugar sombrío, iluminado apenas por la tenue luz de algunas velas, y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Las estanterías estaban cubiertas de frascos oscuros y pociones de aspecto siniestro, emitiendo olores intensos y desconocidos. Frente a él, la bruja, de ojos maliciosos y sonrisa enigmática, lo miraba con un interés que pon